El obispo de Ginebra
Francisco de Sales nació en el castillo de Sales, en Saboya, el 21 de agosto de 1567, en una familia de la nobleza. Formado en Derecho y Teología en París y Padua, renunció a una prometedora carrera civil para ordenarse sacerdote, contra los deseos de su padre. Dedicó los primeros años de su ministerio a la difícil misión de reconquistar para el catolicismo la región del Chablais, ganada al protestantismo, tarea que llevó a cabo no con la fuerza, sino con la persuasión, la dulzura, la predicación y el ejemplo. Nombrado obispo de Ginebra, se convirtió en una de las grandes figuras de la renovación católica y de la espiritualidad de su tiempo.
La santidad para todos
La gran aportación de Francisco de Sales fue difundir la idea, entonces novedosa, de que la santidad y la vida espiritual no eran solo para los religiosos y los que se retiraban del mundo, sino que estaban al alcance de todos, también de los laicos que vivían en medio de sus ocupaciones cotidianas, familiares y profesionales. Enseñó que era posible y deseable buscar la perfección y la unión con Dios sin abandonar el estado y las obligaciones de cada uno, santificando la vida ordinaria. Esa democratización de la espiritualidad, esa llamada universal a la santidad en medio del mundo, fue una de sus grandes intuiciones y una de las claves de su enorme influencia.
«Introducción a la vida devota»
Su obra más célebre y perdurable es la Introducción a la vida devota (1609), un tratado de espiritualidad dirigido a las personas que viven en el mundo, escrito con una claridad, una amabilidad y una sabiduría práctica extraordinarias. En él, Francisco de Sales guía al lector, paso a paso, en el camino de la devoción y de la vida cristiana, con consejos concretos, accesibles y llenos de sentido común y de dulzura, sobre la oración, las virtudes, las tentaciones y la conducta en las circunstancias ordinarias de la vida. El libro se convirtió en un clásico de la literatura espiritual, leído por millones de personas de todas las condiciones a lo largo de los siglos.
El «Tratado del amor de Dios»
Su otra gran obra es el Tratado del amor de Dios, una exposición más profunda y elevada de su doctrina espiritual, centrada en el amor a Dios como fundamento y meta de toda la vida cristiana. En ella despliega una teología del amor divino de gran hondura y belleza. Junto a estas obras, su vastísima correspondencia de dirección espiritual, en la que aconsejaba con dulzura y sabiduría a innumerables personas, es un tesoro de humanidad y de sabiduría práctica sobre la vida interior.
La dulzura como método
El sello inconfundible de Francisco de Sales es la dulzura, la amabilidad y la mansedumbre. Frente al rigor y la severidad, predicó y practicó una espiritualidad y un trato basados en el amor, la paciencia, la comprensión y la suavidad. «Se cazan más moscas con una gota de miel que con un barril de vinagre», solía decir, resumiendo su método de conquistar los corazones con la dulzura antes que con la fuerza. Esa amabilidad, unida a una gran firmeza interior, hizo de él un maestro del trato humano y un modelo de la caridad y la mansedumbre cristianas.
Legado
Francisco de Sales murió en Lyon el 28 de diciembre de 1622. Canonizado y proclamado doctor de la Iglesia, es venerado como uno de los grandes maestros de la espiritualidad cristiana y como el patrono de los escritores y los periodistas, por la claridad y la eficacia de su palabra. Su Introducción a la vida devota sigue siendo un clásico leído en todo el mundo, y su idea de que la santidad es posible para todos, en medio de la vida cotidiana, tuvo una influencia inmensa y anticipó intuiciones que la Iglesia desarrollaría siglos después. Francisco de Sales permanece como el gran maestro de la espiritualidad para los laicos y como el santo de la dulzura, el obispo que enseñó, con amabilidad y sabiduría, que el camino hacia Dios y la perfección está abierto a todos, en cualquier estado y circunstancia de la vida.