De Asturias a las letras
Armando Palacio Valdés nació en Entralgo, Asturias, el 4 de octubre de 1853. Se formó en Oviedo y Madrid, donde estudió Derecho y se adentró en los ambientes literarios de la capital. Comenzó su carrera como crítico literario, actividad en la que mostró finura de juicio, antes de consagrarse a la novela, género en el que alcanzaría un enorme éxito de público tanto en España como en el extranjero. De temperamento afable, sereno y optimista, hizo de esa disposición amable el sello inconfundible de su obra, que rehúye el pesimismo y la crudeza para ofrecer una visión benévola y sonriente de la vida.
El realismo amable
Palacio Valdés se inscribe en el realismo español de finales del siglo XIX, junto a Galdós, Clarín o Pereda, pero con un tono propio, más suave y luminoso. Aunque conoció y valoró el naturalismo, se apartó de su determinismo y de su gusto por lo sórdido, prefiriendo una pintura amable de la realidad, atenta a lo cotidiano, a los sentimientos y a los caracteres, y siempre atravesada por el humor, la ternura y una mirada indulgente sobre las debilidades humanas. Su realismo busca deleitar y conmover más que denunciar, y refleja una confianza serena en la bondad de la vida.
Las grandes novelas
Su obra más popular es La hermana San Sulpicio (1889), una deliciosa novela ambientada en Andalucía, protagonizada por una novicia vivaz y encantadora, que combina el humor, el color local y una historia de amor con gran gracia. Marta y María contrapone dos hermanas de temperamentos opuestos —la mística y la práctica— en una fina exploración psicológica y moral. José, ambientada en el mundo de los pescadores asturianos, y La aldea perdida, evocación nostálgica del mundo rural amenazado por la industrialización, muestran su arraigo en su tierra natal. Riverita y Maximina, en parte autobiográficas, retratan la sociedad madrileña.
Humor y humanidad
El gran atractivo de Palacio Valdés reside en su prosa clara, ágil y amena, y en su capacidad para crear personajes vivos y simpáticos, retratados con humor y con una honda comprensión humana. Su ironía es siempre benévola, nunca cruel; su mirada, comprensiva con las flaquezas de sus criaturas. Esa amabilidad, esa luminosidad y ese optimismo vital, unidos a su maestría narrativa, explican la enorme popularidad que alcanzó y el afecto de sus muchos lectores, dentro y fuera de España.
Fama internacional
Palacio Valdés fue uno de los novelistas españoles más traducidos y leídos en el extranjero de su tiempo, especialmente valorado en países como Estados Unidos e Inglaterra, donde sus obras se usaron incluso como lecturas para el aprendizaje del español. Su reputación internacional superó en ocasiones a la de otros grandes contemporáneos suyos. Miembro de la Real Academia Española, gozó de un amplio reconocimiento oficial y popular a lo largo de su dilatada carrera.
Legado
Murió en Madrid el 29 de enero de 1938, en plena Guerra Civil, tras una larga vida dedicada a las letras. Armando Palacio Valdés ocupa un lugar destacado entre los novelistas del realismo español, distinguido por el tono amable, luminoso y humano de su obra. Aunque la crítica más exigente prefirió a veces la hondura de Galdós o Clarín, sus novelas conservan un encanto perdurable por su gracia, su humor y su simpatía por la vida y las personas. Sus retratos de Asturias, de Andalucía y del Madrid de su época, y personajes como la hermana San Sulpicio, siguen leyéndose con placer, y su nombre permanece como el de uno de los narradores más queridos y accesibles de la novela española del siglo XIX.